Quien no sabe que por algo ser dulce no significa que no pueda ser amargo. Es verdad que es una contrariedad y la verdad es que en mi inexperiencia culinaria soy incapaz de dar una respuesta a ese interrogante pero asociando este tema a la vida misma puedo decir que al igual que yo muchas personas profesaran esta opinión.
El deseo es uno de los grandes causantes de este fenómeno. El anhelar algo con tanta fuerza que puede llegar a ser doloroso. Sentir total impotencia ante la incapacidad de hacer nada y actuar como un observador por culpa del miedo de perder algo que nunca tuviste. Seguro que muchas personas se sintieron identificadas con este discurso pero lo que busco contar va más allá. Hablo de un deseo tan fuerte que genera repulsión la misma idea de alcanzarlo. Ser capaz de satisfacerse con la misma existencia del objeto de añoranza. Contemplar sus virtudes con miedo a mancillar su belleza te mantienes alejado sufriendo por alcanzarlo aún rechazando cualquier oportunidad de poseerlo. Así pongamos como ejemplo una hermosa rosa azul. Su tallo se alza trazando en el espacio hermosas curvas de un color que parece emanar vida, terminando en una graciosa y bien ordenada corona de pétalos que dan lugar a una sensación de calor aun mostrándose fría. Así quieres acercarte para hacerte con esta divina florecilla, poder acercarte lo suficiente para oler su delicioso aroma pero solo puedes pensar en que pasaría si al cogerla sus espinas desgarran tu piel y la manchas con tu sangre.
El deseo es uno de los grandes causantes de este fenómeno. El anhelar algo con tanta fuerza que puede llegar a ser doloroso. Sentir total impotencia ante la incapacidad de hacer nada y actuar como un observador por culpa del miedo de perder algo que nunca tuviste. Seguro que muchas personas se sintieron identificadas con este discurso pero lo que busco contar va más allá. Hablo de un deseo tan fuerte que genera repulsión la misma idea de alcanzarlo. Ser capaz de satisfacerse con la misma existencia del objeto de añoranza. Contemplar sus virtudes con miedo a mancillar su belleza te mantienes alejado sufriendo por alcanzarlo aún rechazando cualquier oportunidad de poseerlo. Así pongamos como ejemplo una hermosa rosa azul. Su tallo se alza trazando en el espacio hermosas curvas de un color que parece emanar vida, terminando en una graciosa y bien ordenada corona de pétalos que dan lugar a una sensación de calor aun mostrándose fría. Así quieres acercarte para hacerte con esta divina florecilla, poder acercarte lo suficiente para oler su delicioso aroma pero solo puedes pensar en que pasaría si al cogerla sus espinas desgarran tu piel y la manchas con tu sangre.
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