No existe el vacío donde se pegan las tripas, las entrañas se rozan y las vísceras escuecen. Nada pasa por los enredados intestinos que se tensan por simpatía. Que doloridos están los pulmones que no saben más que exhalar un aliento ardiente y frío. Que cansado parece el corazón que bombea sangre tan densa. En un cuerpo seco con piel de paja y ojos de graba. Que triste esa cabeza llena de lodo y maleza donde todo se esconde, se pierde y se hunde. Que torpes esas manos que no pueden ofender al soberano tomando como propia la habilidad de creador y manipulador, incapaz de transmitir o representar. Infeliz la lengua que pocos patrones posea, cerrando tantas puertas, degradando a un nivel tan poco humano. Que desdichado es el muñeco hecho a partir del mal reflejo de un niño enfermo, caprichoso y aburrido.