¿Por donde debería comenzar a alabar tu semblante? Aunque te sea difícil de creer, a través de mis córneas, tus rasgos se tornan de una belleza inconmensurable. ¿Que podría pasar para que una imagen dé dos reflejos tan distintos? Será pues que la culpa no es de la lente, si no de lo que se encuentra detrás. Aquello que dotado de la capacidad de sentir es capaz de recoger por los sentidos las sensaciones más inhóspitas.
Comenzaría por tu cabellera pues corona el retrato que me embelesa. Como un manantial de viva agua azabache, dibuja surcos creando un juguetear ondulado previa muerte, fluyendo taimada por tu espalda y derramándose sobre tu gentil pecho. Dicen que los ojos son las ventanas hacia el alma. Si así fuere no podría encontrar alma más pura pues en tu simple mirada puedo ver una candidez más que sobrecogedora. Adornada por unas sonrosadas mejillas que otorgan un adorable sentimiento a la expresión. Para terminar no podría hacer más que hablar de tu gran sonrisa. Tan espléndida como el sol en el alba, da al conjunto una belleza prácticamente inefable, innegable.... Finalizo aquí pues para no proseguir de forma indefinida. Podría seguir escribiendo de tus sutiles orejas, tu linda nariz, tus deliciosas curvas... pero me veo en obligación de terminar antes que el tiempo arrebate estas virtudes. Pues tendría que reiniciar este texto hablando de todas aquellas que aun palideciendo tu piel y entrando tu cuerpo en decadencia, para mi, te hacen más bella que cualquier otra.
viernes, 23 de enero de 2015
Hgj / 3/2014
Suscribirse a:
Entradas (Atom)