miércoles, 5 de agosto de 2015

¿Que puedo hacer más que suspirar?

Cuan harto, cuan cansado me encuentro. A veces me pregunto si realmente debería hacer vida de ermitaño. Me aislaría del resto del mundo y cortaría esas cadenas cuyo óxido carcome mi piel.
Las relaciones sociales son un misterio que hace ya tanto tiempo escapó a mi comprensión... En esta vida apenas conseguí personas con las que mediar palabra y cuando al fin lo consigo resulta que todo se hace más complejo. Una afinidad, que no se basaba más que en el habla y la mutua convivencia en ciertas situaciones, evoluciona. De repente alguien cuya muerte me podría haber sido indiferente refleja todo un huracán de sentimientos, felices, desgarradores... Los terminas apreciando, a algunos como si fuesen indispensables. Son como lazos de seda que te acunan. Sin embargo, como en todo en lo que se necesitan dos individuos, hay dos mundos en el juego. Esos lazos no terminan siendo más que el adorno que joviales máscaras que ocultan una persona totalmente distinta a la que creías. Una persona que por convención social o pena te ha seguido el juego, para la cual no vales ni la mitad de lo que llegó a significar para ti. ¿ Amigos?, ¿ compañeros?, ¿ amores?, solo a un lado del espejo, por el otro perfectamente podrían dejarte pudrir. ¿De verdad existe alguien que te pregunte que tal estás por preocupación?, es algo que cada vez más dudo. Y si término quedándome quieto, aislado, me gustaría saber quien sería aquel que por mi ausencia derramaría lágrimas antes que olvido.

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